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Pase sin llamar. Es el reclamo de muchos establecimientos para fomentar la confianza en los clientes. Sin embargo, la deferencia indica que es conveniente hacer notar, aun tímidamente, nuestra llegada.

Antes de entrar definitivamente en el corazón de Dios, Glicerio, quiso avisar a san José de Calasanz de que se marchaba.

La amistad que les unió desde 1612 y la enorme confianza que el santo depositó en su joven ayudante se manifestaba en múltiples gestos que contribuyeron a afianzar el proyecto escolapio.

Al saber de la enfermedad del joven novicio, San José de Calasanz le recordó con cariño de Padre:

  • “Hermano Glicerio, no se le ocurra marchar sin despedirse de mí. No puede hacerlo sin permiso”.

Pocos días después, cuando había oscurecido, el santo se encontraba en su habitación orando o escribiendo cartas, cuando escuchó llamar a la puerta.

  • “Amén. Entrad”

Pero nadie lo hizo.

Volvió de nuevo a escuchar los golpes, como la vez anterior…y respondió igualmente.

Oyó llamar una tercera vez. Comprendió entonces que era Glicerio quien, antes de marchar, quería despedirse del fundador según lo acordado.

San José de Calasanz dijo entonces:

  • “Amén, Glicerio. Podéis marchar”

… y no volvieron  a llamar.

Horas más tarde avisaron desde el noviciado, que estaba en otra casa de Roma, de la partida definitiva de Glicerio….aunque san José de Calasanz ya lo sabía.