Una experiencia que marcó el corazón de Glicerio
Es cierto que el joven Glicerio tenía un corazón inquieto y apasionado, y su anhelo por vivir una vida completamente entregada se apoderaba cada vez más de él. Por ello, un día de septiembre de 1614, emprendió una peregrinación que marcaría uno de los encuentros más profundos de su corazón. Impulsado y acompañado por su gran amigo, el doctor Cosme Contini, Glicerio tomó su sencillo equipaje, que incluía, además de la Biblia, el breviario, un crucifijo y algo de pan, sus búsquedas y anhelos, pero sobre todo, la esperanza de llegar a la casa que había sido de la Santísima Virgen María: la casa del “Sí”, la Santa Casa de la Sagrada Familia.
En este segundo documento sobre Glicerio, nos acercamos a su experiencia con la posibilidad de trabajar unas preguntas en grupo o de manera individual. Este sencillo material es una invitación a orar y contemplar la opción de Glicerio, la opción de Calasanz, la opción de las Escuelas Pías. La invitación es a reconocer todo lo que resuena en cada uno de nosotros.
De manera muy sencilla y a la vez profunda, queremos celebrar y recordar a aquel que decidió ser todo de Cristo en las Escuelas Pías, tomado de la mano de Calasanz. 410 años después, su legado y su historia sigue resonando en nuestro corazón; 410 años después sigue palpitando su corazón y el nuestro con el de Calasanz. Hoy te invitamos a celebrar los 410 años en los que el joven Glicerio decidió ser pobre como Cristo, pobre como Calasanz.