Seleccionar página

¡Cuídate! es la recomendación repetida que solemos escuchar cuando nos despedimos de quienes nos quieren.

La sabiduría bíblica también lo recuerda: “Cuida tu corazón, en él está la fuente de la vida” (Prov 4,23). El corazón se convierte así en icono de toda la persona por su capacidad de sentir y reflejar todo lo que somos.

Glicerio tenía un corazón noble y bueno, lleno de sentimientos positivos. Cultivó la amistad con sus compañeros, trabajó por los niños y los jóvenes y, sobre todo, amó a Dios.

San José de Calasanz quiso conservar la memoria de Glicerio y de su modo de amar y de vivir, simbolizado en el corazón.

Perdido durante mucho tiempo, el corazón de Glicerio fue encontrado el 22 de septiembre de 1855. Considerado un precioso tesoro, muchas personas recuperaron la confianza, la capacidad de amar o el deseo de vivir al contacto con el corazón de Glicerio.

Un corazón que recuerda el latido vibrante de una vida solo para Dios.